La RAE define la discriminación positiva como una política o programa que proporciona acceso preferencial a la educación, al empleo, a la asistencia sanitaria o al bienestar social a personas de un grupo minoritario que tradicionalmente han sido objeto de discriminación, con el objetivo de crear una sociedad más igualitaria.
Probablemente no encontremos a nadie que manifieste estar a favor de la desigualdad. Sin embargo, a la hora de redactar y aplicar la ley de discriminación positiva surge bastante debate.
Las personas citadas en este artículo mencionan con frecuencia y como referencia a EEUU, y es que fue allí donde comenzó la idea de la discriminación positiva en los años 60, por lo que sirve para analizar lo que se hizo, cómo se hizo, así como las consecuencias y resultados.
Argumentos a favor
Rompe los estereotipos de color y sexo
Evita la proliferación del odio
Favorece la diversidad de todo tipo
Salvaguarda la igualdad en el mundo laboral
Protege a las personas más desfavorecidas
Argumentos en contra
Puede servir como una discriminación inversa
Anula la meritocracia, que defiende que un puesto de trabajo sea ocupado por las personas más capacitadas según sus méritos personales
Puede reforzar los estereotipos y el racismo
Puede generar resultados desfavorables para empresas y escuelas
Reduce el verdadero logro y mérito de las minorías
Es difícil de eliminar, de hecho favorece su expansión una vez cumplido se hayan eliminado los problemas de discriminación
En el periódico feminista «Mujeres en red» encontramos un interesante artículo de Gemma Lienas titulado «¿Discriminación positiva? No, gracias». En él se analiza extensamente el desequilibrio hombre mujer en general, pero centrándose especialmente en la Ley del Cine, ya que incluye medidas que fomentan la igualdad entre hombres y mujeres.
La autora concluye que, aparte del cine, «podríamos examinar otros sectores profesionales y siempre constataríamos que los varones llevan siglos aplicándose la discriminación positiva, así que, al margen de su capacidad o medianía profesional, se han reservado los puestos más relevantes, han obtenido la mayoría de premios y, lo que es peor, han determinado los criterios por los que un producto cultural es excelente o no lo es. Por todo ello, estoy en contra de la discriminación positiva«. «Otra cosa es que, para resolver estas desigualdades seculares y reequilibrar la balanza, sean precisas acciones positivas».
Es decir, admite acciones correctoras para equilibrar la balanza «que pretenden que una mujer, capacitada y competente, pueda alcanzar el mismo nivel que un varón», pero está en contra de la discriminación positiva como pauta general.
Ricardo Morenos es Doctor en Filosofía y profesor de Matemáticas. En una de sus conferencias hablaba de la aplicación en EEUU de la discriminación positiva en al ámbito de la enseñanza. Comentó que «no puedes evaluar diferente a alumnos de raza blanca o negra porque luego los títulos conseguidos tenían menos valor», ya que se sabía que habían tenido más facilidades. «Nadie en la vida privada hace discriminación positiva. Es una hipocresía llevarla a la vida pública». ACEPRENSA, en relación a este asunto comenta que «ha aumentado mucho el número de universitarios negros; pero más por haber abierto la mano que por haber logrado una auténtica promoción. Así, en los últimos diez años, la Universidad de Berkeley ha admitido, de media, un alumno negro por cada cuatro blancos, aunque había nueve aspirantes blancos por cada uno negro. Pero el trato de preferencia a la entrada se torna en una «selección natural» de signo inverso a la salida: el 71,5% de los alumnos blancos terminan los estudios, frente a sólo el 37,5% de los negros. Otro ejemplo es el de la Universidad estatal de Georgia, donde los candidatos no blancos pueden ingresar con inferior nota: el 66% de los negros abandonan la carrera». Esto confirma que el problema no se soluciona con prebendas sino atajándolo de raíz con reformas estructurales.
En un artículo de ACEPRENSA leemos que cuando ciertos grupos han sido discriminados en el pasado, cabe pensar que no basta con admitir a todos a las carreras si algunos parten con desventaja. Surge entonces la idea de dar un trato de preferencia a los desfavorecidos para que ocupen una proporción razonable de cargos públicos, plazas universitarias o empleos. Así se ha hecho, a gran escala, en países como la India o Estados Unidos. Pero ahora las políticas norteamericanas de este tipo son cada vez más discutidas.
Entre los argumentos en contra citados al principio, uno de ellos es el descrédito que puede acarrear a esos beneficios. El artículo continúa diciendo que si favorecemos el acceso a un puesto sin mejorar en sí misma la capacitación del individuo, surge la duda de si la persona está allí por méritos propios o gracias de la política oficial. Esta sospecha genera resentimiento en los competidores y puede acabar reforzando los mismos prejuicios contra la población tradicionalmente discriminada que justificaban la acción positiva.
Otro efecto secundario es que, aunque pretende afectar a grupos limitados de desfavorecidos, termina por expandirse, ya que otros grupos también solicitan esas prebendas por entender que ellos también sufren marginación. En EEUU se ha producido un cambio en la opinión pública. De hecho algunos grupos trabajan en someter a referéndum propuestas para acabar con la discriminación positiva ya que, dicen, el Estado no puede utilizar la raza, el sexo, o la nacionalidad de origen como criterio para dar un trato especial, favorable o desfavorable, a ningún individuo.
Le Monde en Español, y continuando con EEUU, recoge en un artículo que se están realizando campañas para eliminar el proceso de de selección en las universidades. Manifiestan que las clasificaciones y preferencias raciales son injustas, y declaran sentirse discriminados pese a su alto rendimiento escolar. Afirman que, a iguales calificaciones, las facultades dan preferencia a estudiantes afroamericanos y latinos para garantizar la diversidad étnica.
Juan A. Herrero, es doctor en Ética Social por la Universidad del Sur de California y profesor de Humanidades en la Universidad S. Pablo-CEU de Madrid, y en un una magistral artículo sobre artículo sobre «La edad como lacra laboral» en el que habla de la marginación positiva.
El Dr. Herrero nos recuerda que fue en Estados Unidos donde surgió en los años 60 la idea de la discriminación positiva, ahora ya prohibida en muchos estados, con objeto de restituir, es decir, devolver a ciertos sectores de la sociedad -muy en particular a las personas de origen afroamericano- lo que les había sido injustamente denegado, robado, en épocas anteriores: su derecho a la igualdad.
Opina que muchas de las medidas destinadas a los jóvenes son injustas y van en contra de la igualdad de los ciudadanos, porque los beneficios que se aplica a un sector de la población no son gratuitos. El privilegio de unos tiene siempre como contrapartida un coste para los otros, que no son los ricos.
Hay derechos que son inalienables y no se les pueden quitar a unas personas para dárselos a otras en forma de privilegios. Y el derecho a la igualdad es el más fundamental de todos ellos. En EEUU, y con objeto de prevenir la discriminación por edad y apariencia física, está prohibido pedir foto y fecha de nacimiento en los currículums , mientras que en España se pueden exigir candidatos de entre «25 a 32 años», «con buena presencia», etc. Desde la entrada en vigor de la LOPD (Ley Orgánica de Protección de Datos) esto debería haber cambiado, pero en la práctica no es así ya que este tipo de anuncios se siguen publicando masivamente, incluso Universidades Públicas aconsejan en sus webs incluir la foto y todo tipo de datos personales en los CV.
Continúa diciendo que el paro juvenil no se arregla con privilegios de acceso al mercado laboral. El paro juvenil se arregla con medidas estructurales, no de discriminación. Hace falta fomentar puestos de trabajo con sueldos dignos para personas en proceso de formación.Pero entiéndase bien que no por edad, sino para cualquier persona que esté iniciando una andadura profesional, incluso si es a los 50 años de edad.
Es precisamente la discriminación por edad lo que mantiene el mercado laboral español en un permanente estado de esclerosis. Cualquier persona, especialmente si es una mujer, sabe que dejar un puesto de trabajo a los 30 o 35 años, y no digamos después, es condenarse a un paro indefinido, y quién sabe si perpetuo. Ello hace que multitud de personas se aferren a un trabajo que detestan con la única expectativa de que su jubilación sea lo más temprano posible. Ese temor a quedarse sin trabajo indefinidamente les impide tomar la decisión de iniciar una nueva labor profesional que responda a su auténtica vocación, quizás tardíamente descubierta.
Eso produce profesionales desganados, asqueados, que sólo piensan en el momento de jubilarse, al tiempo que la obligatoriedad de la jubilación por edad priva a quienes querrían seguir trabajando de la posibilidad de hacerlo. Con la jubilación obligatoria eliminada, aproximadamente un 20% de la fuerza laboral continúa en su puesto de trabajo una media de cinco años más allá de la jubilación voluntaria, lo que compensa lo suficiente como para que no sea necesario prolongar la edad laboral hasta los 67 años.
CONCLUSIONES
Si Doctores en Filosofía, en Ética Social y Humanidades, feministas, articulistas de prestigio de todo signo, etc., no aprueban las leyes de marginación positiva, y en los países con décadas de implantación está surgiendo un rechazo no deseado en la sociedad, tal vez deberíamos pensar en otro tipo de solución al problema. Y esa solución no es otra que abordar reformas estructurales, aunque tarden más en dar resultados estadísticos apreciables. Otra cosa es que los poderes políticos den prioridad a la inmediatez de esas estadísticas para que les posicionen mejor en las próximas elecciones. Las medidas de marginación positiva han de publicarse simultáneamente a las medidas estructurales, a la vez, y ambas de igual envergadura. Así, con el tiempo, las de marginación positiva tenderán a desaparecer por innecesarias.
Se trata de corregir desigualdades en origen, no de establecer porcentajes o cupos de cara al resultado final. Todos han de tener las mismas posibilidades de llegar a la línea de salida, y que ganen los mejores, pero sin ningún tipo de privilegio ni cupo de plazas. La igualdad ha de estar en la línea de salida, no en la de llegada. Es manifiestamente injusto, por muy buenas que sean las intenciones, que una persona a la que le corresponde una plaza por sus propios méritos y esfuerzos, vea como se la adjudican a otro con menos méritos solo porque tiene un privilegio asignado.
Un argumento frecuente es que, «mientras se estudian las medidas estructurales algo habrá que hacer». El problema de actuar en base a este pensamiento, como bien saben los países que nos llevan delantera en leyes de marginación positiva, es que estas leyes no solo se terminan quedando para siempre sino que se expanden, como ya se ha explicado, hasta crear malestar en la propia sociedad.
El diario El País, en su edición del 24 de enero de 2022, publica el titular » La discriminación positiva en las universidades llega al Supremo de Estados Unidos», «El alto tribunal amenaza la permanencia de la llamada acción afirmativa. Sea cual sea el dictamen del Supremo, lo que queda de manifiesto es el descontento de la sociedad.
Nadie niega la necesidad de reparar las injusticias, lo que se debate es el método utilizado en dicha reparación, y la ley de discriminación positiva presenta sombras importantes.
El autor sostiene que los estímulos actuales para paliar el paro juvenil son ilusorios y, sobre todo, afirma que perjudican a los desempleados de mayor edad. Considera que se necesitan reformas estructurales.
JUAN A. HERRERO
Actualizado: 03/03/2015 21:10 horas
Juan A. Herrero, es doctor en Ética Social por la Universidad del Sur de California y profesor de Humanidades en la Universidad S. Pablo-CEU de Madrid, y en un una magistral artículo sobre artículo sobre «La edad como lacra laboral» me permito me permito extraer aquellas frases y párrafos de mayor interés en lo que a discriminación positiva se refiere. Lo hago sin entrecomillados para facilitar su lectura.
El Dr. Herrero nos recuerda que fue en Estados Unidos donde surgió en los años 60 la idea de la discriminación positiva (ahora ya prohibida en muchos estados) con objeto de restituir, es decir, devolver a ciertos sectores de la sociedad -muy en particular a las personas de origen afroamericano- lo que les había sido injustamente denegado, robado, en épocas anteriores: su derecho a la igualdad. Restitution es el término central sobre el que se sustentan todas las medidas de discriminación positiva en Estados Unidos.
En otras palabras, la discriminación positiva, en el país que la inventó como concepto social y político, nada tiene que ver con……
Para que un grupo social se pueda beneficiar de la discriminación positiva, en el caso de Estados Unidos debe haber sido objeto de una discriminación manifiesta, de una injusta denegación de su igualdad, en el pasado, discriminación que ha generado una marginación continuada, un prejuicio social hacia ese grupo. Nada de eso tiene ni remota aplicación a los jóvenes, sino más bien todo lo contrario.
Esas medidas de acceso subvencionado a la vivienda, de beneficios especiales a las empresas que contratan a jóvenes, esos anuncios de ayudas especiales a jóvenes emprendedores o investigadores son un insulto a la igualdad de todos los ciudadanos y tienden a generar antagonismo.
Las subvenciones y beneficios con que se privilegia a un sector de la población no son gratuitos. El privilegio de unos tiene siempre como contrapartida un coste para otros. Los programas de vivienda joven posibilitan que una persona de 25 años pueda ser propietario de su vivienda, mientras a otra de 58 que lleva toda la vida luchando para un día poderse comprar su propia vivienda el banco le deniega, por su edad, un préstamo lo suficientemente amplio como para poder asumirlo con un salario medio. El drama de un parado de 55 años no es el mismo que el de uno de 20. Hay que estar intelectualmente ciego -por naturaleza o por decisión política- para no verlo.
Hay derechos que son inalienables, que no se le pueden quitar a unas personas para dárselos a otros en forma de privilegios. Y el derecho a la igualdad es el más fundamental de todos ellos.
Precisamente en EEUU, y con objeto de prevenir la discriminación por edad y por apariencia física, está prohibido pedir foto ni fecha de nacimiento en el currículum de quienes solicitan trabajo. Mientras que en España el empleador se permite la libertad de ofrecer trabajo sólo a personas «de entre 25 y 32 años», «de buena presencia», etc.
El paro juvenil no se palia con privilegios de acceso al mercado laboral para los jóvenes. Del mismo modo que nadie querría ser operado de corazón por un joven de 25 años recién salido de la facultad, en cualquier otra profesión también queremos ser atendidos por profesionales con experiencia y cualificación. El paro juvenil se resuelve con medidas estructurales, no de discriminación. Hace falta fomentar puestos de trabajo con sueldos dignos para personas en proceso de formación. Pero entiéndase bien que no por edad, sino para cualquier persona que esté iniciando una andadura profesional, incluso si es a los 50 años de edad.
Es precisamente la discriminación por edad lo que mantiene el mercado laboral español en un permanente estado de esclerosis. Cualquier persona, especialmente si es una mujer, sabe que dejar un puesto de trabajo a los 30 o 35 años, y no digamos después, es condenarse a un paro indefinido, y quién sabe si perpetuo. Ello hace que multitud de personas se aferren a un trabajo que detestan con la única expectativa de que su jubilación sea lo más temprano posible. Ese temor a quedarse sin trabajo indefinidamente les impide tomar la decisión de iniciar una nueva labor profesional que responda a su auténtica vocación, quizás tardíamente descubierta.
Eso produce profesionales desganados, asqueados, que sólo piensan en el momento de jubilarse, al tiempo que la obligatoriedad de la jubilación por edad priva a quienes querrían seguir trabajando de la posibilidad de hacerlo. Con la jubilación obligatoria eliminada aproximadamente un 20% de la fuerza laboral continúa en su puesto de trabajo una media de cinco años más allá de la jubilación voluntaria, lo que compensa lo suficiente como para que no sea necesario prolongar la edad laboral hasta los 67 años.
Le Monde en Español recoge en un artículo que en EEUU algunos grupos hacen campaña para que se elimine del proceso de selección de las universidades, argumentando que las clasificaciones y preferencias raciales son injustas, y declaran sentirse discriminados debido a su alto rendimiento escolar y afirman que, a iguales calificaciones, las facultades dan preferencia a las solicitudes de estudiantes afroamericanos y latinos para garantizar cierta diversidad étnica.
Cuando ciertos grupos han sido discriminados en el pasado, cabe pensar que no basta con admitir a todos a la carrera si algunos parten con desventaja. Surge entonces la idea de dar un trato de preferencia a los desfavorecidos para que ocupen una proporción razonable de cargos públicos, plazas universitarias o empleos. Así se ha hecho, a gran escala, en países como la India o Estados Unidos. Pero ahora las políticas norteamericanas de este tipo son cada vez más discutidas.
¿Compensación o favoritismo?
A la insuficiente eficacia se añaden los efectos contraproducentes. Uno de ellos es el descrédito que puede acarrear a los beneficiarios. La acción afirmativa pretende elevar a personas que sin ella podrían ser injustamente relegadas. Pero en la medida en que facilita el acceso a un puesto sin mejorar por sí misma la capacitación del individuo, cabe dudar si el interesado está allí por méritos propios o por gracia de la política oficial. Esta sospecha genera resentimiento en los competidores y puede acabar reforzando los mismos prejuicios contra la población tradicionalmente discriminada que justificaban la acción afirmativa.
Mentalidad de víctima
Otra consecuencia imprevista proviene de que la discriminación positiva, que se emprende con la intención de que sea transitoria y limitada, tiende a perpetuarse y expandirse.
Se termina expandiendo. Parece que las compensaciones otorgadas a un grupo conduce a que reclamen lo mismo otros que también afirman sufrir discriminación. Y las nuevas exigencias pueden ser difíciles de resistir para los poderes públicos. Esto favorece que se difunda la mentalidad de víctima, fenómeno evidente en Estados Unidos, a juicio de muchos. Según el diagnóstico de Paul Hollander, profesor de Sociología de la Universidad de Massachusetts, gran número de norteamericanos han llegado a creer que el curso de su vida viene determinado más por factores sociales y culturales que por sus propios esfuerzos. Así, las reivindicaciones se multiplican.
Cambio en la opinión pública
Más importante aún es que la acción afirmativa está siendo combatida por la vía legal. En California está en marcha la recogida de firmas para someter a referéndum el año próximo una propuesta que acabaría con los programas estatales de discriminación positiva. La llamada Iniciativa de California sobre Derechos Civiles, promovida por dos profesores universitarios, propone que los organismos del Estado no puedan utilizar la raza, el sexo o la nacionalidad de origen como criterio para dar un trato especial -favorable o contrario- a ningún individuo. Si la propuesta resultara aprobada, se convertiría en ley automáticamente.
Todo el mundo está a favor de una sociedad más igualitaria, pero muchas personas piensan que aplicarla tal y como está definida conduciría a más problemas que soluciones. Si bien mantienen que esta ley generaría resultados positivos, hay que ver siempre los dos lados de las cuestiones.
Así, la discriminación positiva está sujeta a un amplio debate, con sus defensores y sus detractores.
Argumentos a favor
Aseguran el mantenimiento de la diversidad
Ayudan a las personas desfavorecidas a avanzar
Ofrecen un impulso a estudiantes desfavorecidos
Promueven la igualdad para todas las razas
Rompen los estereotipos sobre el color o el sexo
Promueven más trabajo y estudio
Asegura la igualdad en el lugar de trabajo
Argumentos en contra
Puede servir como una discriminación inversa
Destruye la idea de una meritocracia (las plazas son ocupadas por las personas más capacitadas según sus méritos personales
Todavía puede reforzar los estereotipos y el racismo
Puede generar resultados desfavorables para empresas y escuelas
Tener diferentes personas en un lugar de trabajo o universidad no significa necesariamente que se logre diversidad de opiniones.
Degrada el verdadero logro de las minorías
Es difícil de eliminar, incluso después de que se hayan eliminado los problemas de discriminación.
En el periódico feminista Mujeres en red encontramos un interesante artículo de Gemma Lienas titulado «¿Discriminación positiva? No, gracias» en el que analiza extensamente el desequilibrio hombre mujer en general, pero centrándose especialmente en la Ley del Cine que, ya que incluye medidas que fomenten la igualdad entre hombres y mujeres.
La autora concluye que, aparte del cine, «podríamos examinar otros sectores profesionales y siempre constataríamos que los varones llevan siglos aplicándose la discriminación positiva, así que, al margen de su capacidad o medianía profesional, se han reservado los puestos más relevantes, han obtenido la mayoría de premios y, lo que es peor, han determinado los criterios por los que un producto cultural es excelente o no lo es. Por todo ello, estoy en contra de la discriminación positiva«. «Otra cosa es que, para resolver estas desigualdades seculares y reequilibrar la balanza, sean precisas acciones positivas».
Es decir, admite acciones correctoras para equilibrar la balanza «que pretenden que una mujer, capacitada y competente, pueda alcanzar el mismo nivel que un varón», pero está en contra de la discriminación positiva como pauta general.
Ricardo Moreno: “La discriminación positiva es dañina e hipócrita”
RE-REDACTAR: Ricardo Morenos es Doctor en Filosofía y profesor de Matemáticas, y en una de sus conferencias, en el ámbito de la educación, y mencionando la aplicación en EEUU, alerta de que existen multitud de dificultades o “límites” en la educación: desde la distancia al instituto a vivir en una calle ruidosa; el encanto personal; o si eres distraído, pero “no podemos hacer adaptaciones curriculares para todas las variables”.
Moreno explicó que aunque sí que se llegó a hacer en Estados Unidos, “no puedes evaluar diferente a los negros y a los blancos, porque luego los títulos conseguidos tenían menos valor” ya que se sabía que habían tenido más facilidades. “Nadie en la vida privada hace discriminación positiva. Es una hipocresía llevarla la vida pública”, defendió.
Normas desiguales
Ricardo Moreno argumentó que en todos los sectores las normas generan desigualdades, que hay que asumir. “Pensemos en la igualdad ante la ley: para un transportista al que le quitan el carné es más sanción que para un conductor particular. Y si cometes un crimen con 80 irás a la cárcel menos años aunque la condena sea la misma que si tienes 40”. En estos ejemplos, argumenta, “no vale la atención a la diversidad” ni adaptaciones curriculares, “la ley es igual para todos y no depende de tu esperanza de vida ni de tu nivel social. Hay que aceptar sus límites.”
Ricardo Morenos es Doctor en Filosofía y profesor de Matemáticas FRASE SUYA. El profesor criticó también el lugar que ocupa actualmente la creatividad en el sistema educativo: “Educación transmisiva, repetitiva y memorística son palabras que a los modernos les molesta, pero la medicina por, ejemplo, tiene que ser así, no puedes ser creativa e incluso para triunfar en profesiones creativas tienes que ser tremendamente rutinario”