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Los toros. Análisis equitativo de la crueldad animal

16/03/2022

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Hace ya muchos años, la sección de cartas al Director de El País publicaba la respuesta de un lector a otro que había focalizado la crueldad animal en los espectáculos taurinos. Este lector maniataba lo injusto de cargar la crueldad animal casi en exclusiva a las corridas de toros. En la actualidad existe una mayor concienciación del problema de la crueldad en otros tipos de ámbito animal, pero los toros siguen siendo el blanco de la diana.

En cuanto a la forma de matar al toro, dice este lector de El País, que deberíamos meditar qué ocurre en nuestras propias cocinas. Seguramente que los más acérrimos detractores de los toros se han deleitado en numerosas ocasiones de una exquisita paella, sin pensar en cómo se han preparado, por ejemplo, los mejillones. Después de limpiarlos se les abre al vapor, es decir, se les mete en una cazuela con un dedo de agua y se les aumenta la temperatura del agua hasta morir abrasados por el vapor ardiente.

En su carta recordaba que la langosta a la catalana, exquisito plato, se prepara troceando y cociendo viva la langosta. Se me dirá, continúa escribiendo, que todo ello no constituye un espectáculo pero, ¿sufre por ello menos el animal?

Respecto a los espectadores, crueles y sádicos, recuerda que dan muy poco trabajo a la policía ya que a los seguidores de tal o cual torero no es necesario ponerles alambradas ni acomodarles en lugares opuestos y vigilarles por video. Su contraste de pareceres termina en la barra de un bar. Por cierto, sin tirarse las mesas a la cabeza y sin citarse para batallas campales.

Pero no solo son los mejillones, las ostras las rociamos con ácido (limón) y masticamos vivas, las zamburiñas las abrimos vivas, y vivas, les cortamos a cuchillo las partes de su cuerpo que no interesan e inmediatamente las echamos a una plancha ardiendo. A los caracoles se les “engaña” con agua tibia para que saquen el cuerpo y después cocerlos vivos. La tortura de los gusanos usados en la pesca, que son empalados, ahogados y comidos… La lista de sería interminable a la par que desagradable.

¿El toro sufre en la plaza hasta que muere? Sí, sin duda. Pero no más que otros muchos animales de nuestro entorno habitual en los que ni siquiera reparamos.

Los toros en concreto son utilizados políticamente. En algunas regiones de España se han terminado prohibiendo, al mismo tiempo que se protegían encierros muy arraigados en los que el toro termina cayendo al mar o bien corren con antorchas en los pitones. ¿Esa prohibición responde a la protección del toro o simplemente era una maniobra política?

Son los toros, pero no son solo los toros. Ni siquiera son los que más sufren a la vista de lo aquí descrito, y no hemos mencionado cómo se desarrollan sus 4 años de vida. Ningún animal en cautividad dispone de tantos cuidados, espacios naturales y calidad de vida como el toro. Eso sí, su final se visualiza mucho más porque son físicamente más grandes, por el espectáculo que generan y por la repercusión mediática que conlleva.

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Publicado en: Cultura

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