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Yo, Pedro

15/11/2025

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Yo creí en él. Le voté aquella primera vez convencido de que representaba una izquierda limpia, valiente, capaz de mirar a los poderosos sin bajar la cabeza. Hablaba con seguridad, prometía coherencia, se presentaba como el rostro nuevo de un socialismo que quería volver a ser digno. Hoy sé que aquel hombre no existía. Era solo una bonita fachada prefabricada, una imagen construida para ganar el poder. Y cuando lo tuvo, no cambió el país. Reveló su naturaleza.  

Sánchez no rectifica, no cambia, no evoluciona ni reconoce errores. No duda, calcula. Puede afirmar lo contrario de lo que prometió, y lo hace con la misma serenidad con la que un actor repite su papel. No es que cambie de opinión, es que miente con la naturalidad de quien se sabe impune, consciente de que una parte de la sociedad seguirá apoyándole y que su engaño no tendrá consecuencias. Lo hace mirando a cámara, sabiendo que las hemerotecas lo desmentirán al día siguiente. No le importa. No tiene ideología, tiene objetivo. Y ese objetivo es él mismo.

Muchos creímos que con él el PSOE volvería a ser un partido de principios. Pero el PSOE de Sánchez no es el PSOE que nos hizo sentir orgullo. No es el de González, ni el de Guerra, ni el de Rubalcaba, ni siquiera el de aquellos militantes anónimos que creían en el valor de la palabra dada. Este nuevo socialismo no defiende ideas, defiende a su líder. Y el líder ya no representa al partido, lo posee.

Y es precisamente ese comportamiento lo que define su estilo de poder, el cesarismo. Se habla de cesarismo cuando un líder acumula todo el poder en sí mismo, como un nuevo César. Un político cesarista gobierna de forma autoritaria, personalista y por encima de las instituciones, aunque conserve una fachada democrática. ¿Es un dictador? No, pero actúa con autoritarismo personalista. Concentra poder y toma decisiones por encima de las instituciones, que termina controlando mientras usa su propio apoyo electoral, no el mayoritario, como legitimación. ¿Pero no se trata de eso, de apoyarse en el pueblo?  Depende. 

Hay que diferenciar entre apoyo real mayoritario y el respaldo parcial o circunstancial, que él usa para bordear o saltarse las leyes y concentrar poder, porque en ese caso deja de ser democrático. El cesarismo cita al pueblo para legitimarse, no para someterse a él. En realidad, el pueblo obedece más de lo que decide. Es un autoritarismo disfrazado de legitimidad democrática. 

Eso es hoy Pedro Sánchez, un César con sonrisa de marketing, un hombre convencido de que su supervivencia política justifica cualquier concesión, cualquier pacto, cualquier mentira. Se cree imprescindible y actúa como tal. Cuando la realidad le lleva la contraria, la manipula. Y cuando pierde, niega haber perdido. Las últimas elecciones generales, las del 23-07-2023, las ganó Feijóo (PP), no Sánchez. Sánchez las perdió, pero en su interior no lo ha aceptado. Prefiere gobernar como si la voluntad popular fuese un error que él debe corregir.

Su relación con el poder no es de servicio, es de apropiación. Controla el relato, desprecia la crítica y la discrepancia. Pero lo más grave no es su ambición, sino la anestesia moral que ha extendido entre los suyos. Porque el Sanchismo no es una corriente política, es una fe. Se mide en lealtades, no en ideas. Cuestionarle es traicionar.

Yo no me fui del PSOE. El PSOE se fue de mí el día que lo transformó para que girara a su alrededor. Un hombre que se mira al espejo y ve un salvador, mientras otros ya lo vemos como un fraude. Algunas personas próximas al presidente han comentado su preocupación por cómo sería recordado. Esa fijación con el retrato final, esa necesidad de asegurarse un sitio en la historia, dice mucho de su forma de ser y de su manera de gobernar. Habla de un modo de ejercer el poder donde el yo va por delante del país.

Y sin embargo sigue ahí. Impasible, convencido de su grandeza y creyendo que todo lo que hace es por el bien del país. Pero es que se lo cree, está convencido. Como todos los césares, está tan acostumbrado a sus propios argumentos que ya no escucha nada más. Oye, pero no  escucha. Aunque todo imperio personal acaba igual, con un pueblo que finalmente comprende que no puede seguir mirando para otro lado, que su papeleta vale más que el ego de un hombre que se sentía Cesar. 

FUNDAMENTOS DE ESTA REFLEXIÓN 

BILDU. 

. Nunca pactaré con Bildu. Ha contado con su apoyo en presupuestos y medidas clave, convirtiéndolos en socios parlamentarios estables.

EL PROCÉS. 

. Nunca dependeré del independentismo. Ha negociado con ERC y Junts, contando con su apoyo en presupuestos y leyes clave.

. Puigdemont debe rendir cuentas ante la justicia. Sin embargo se le da trato de negociador  político; ha pactado con sus emisarios y suavizado su situación política.

. No habrá amnistía. Siento vergüenza de los indultos políticos. Pero ha impulsado proyectos de amnistía para líderes del procés y ha sido parte central de los acuerdos de Gobierno

. La rebelión en Cataluña es un delito grave. Sánchez defendía que la independencia unilateral era rebelión y debía castigarse con dureza; después impulsó indultos y medidas que suavizan la responsabilidad de los líderes del procés, cambiando el enfoque hacia sedición y facilitando su regreso a la política pese a que afirman que volverán a intentarlo. 

PODEMOS

. No podría dormir por las noches si les diera ministerios clave. Nombró a Pablo Iglesias Vicepresidente segundo de gobierno y les asignó carteras con influencia estratégica.

. Jamás permitiría que Iglesias controlase el CNI. Sin llegar a controlarlo directamente, Iglesias tuvo influencia en un órgano próximo al CNI, y en consecuencia acceso a información sensible del Estado.

DE TODO UN POCO

. No subiré impuestos a las clases medias ni a autónomos. Pero aprobó subidas y reformas fiscales que afectan a estos colectivos.

. No habrá peajes en autovías. Pactó con la UE mecanismos de pago por uso.

. Todos mis viajes serán públicos y transparentes. En la práctica, algunos viajes de actos de partido se realizaron en Falcon, y se usaron mecanismos legales para no detallar rutas, asistentes o motivos completos, lo que generó opacidad.

. No habrá impunidad para los okupas; se protegerá la propiedad privada. Pero los casos han aumentado y las leyes no se han modificado por intereses políticos.

. Y múltiples gestiones desastrosas, como la Ley «solo sí es sí», etc.

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Publicado en: Política

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